miércoles, 18 de enero de 2023

POZO PRÓDIGO de Goya Gutiérrez

 


Hace unas fechas, Goya Gutiérrez me pidió una colaboración para la revista Alga, que tan magistralmente dirige. En la preparación del artículo, que representa una pincelada de los múltiples recuerdos suscitados en mis viajes a Nueva York, fui leyendo su poemario Pozo pródigo (Olifante Ediciones de Poesía, Zaragoza, 2022). La lectura me trasladaba a muchas de las sensaciones que la Gran Manzana me provocó: reflexiones del caminante que somos, los pasos erráticos vespertinos que buscaban descubrir nuevos horizontes entre las luces cambiantes de las inmensas alturas, o miradas sobre algunas vidas imposibles de ocultar, que solo pretenden sobrevivir en la impostura fastuosa de la ciudad. 

Goya no es ajena a este blog, han sido reseñados otros poemarios suyos: A pesar de la niebla y Lugares que amar. Aquí están. Y, adornando su trayectoria poética, otros de enorme talla: De mares y espumas, La mirada y el viaje, El cantar de los amantes, Ánforas, Hacia lo abierto o Grietas de luz.

En Pozo pródigo, su última entrega, Goya Gutiérrez culmina el poemario con una dedicatoria muy especial: “Al poder feraz de la palabra”, el mejor alegato para comprender que la palabra es el valor más importante que tiene el ser humano, capaz de hacerlo más humano, en ocasiones más inhumano, hasta llevarlo al éxtasis del pensamiento. Sin el don de la palabra probablemente estaríamos inutilizados para bucear en el universo de la reflexión.

Y esa palabra, con toda la fuerza de que es capaz de proyectar, nos catapulta en la búsqueda del camino a seguir hacia tantas y tantas promesas que nos hacemos en la vida, como si ese epílogo que la autora nos muestra, “Aguardar el ocaso desde nuestra terraza, / recorrer la vereda crepuscular del riesgo / que nos ha de enfrentar a la niebla y su nada, / mientras puede surgir el asombro, / conjunción luminosa / que ensanche la palabra de agradecer lo dado”, no fuera más que el comienzo de todo.

Pozo pródigo se presenta en dos propuestas: ‘In itinere’ y ‘Amor de trenza, fuerza del carbunclo’. La primera, el camino de los itinerarios de la reflexión que nos sumerge en la mirada introspectiva, hasta reconciliarnos con nosotros mismos cuando todo parece adverso. Compone una suerte de acordes para sintonizar con el yo que nunca deseamos disperso en la vaguedad de los sinsabores del camino, ni siquiera cuando la oscuridad nos inunda: “La noche es una tregua sobre la hoguera que ahuyenta / las alucinaciones / y las vierte en el intenso cuenco del ensueño.”

Y luego, las estaciones, “testigos del tránsito de huellas individuales, / colectivas, / de la duda, la frontera entre el desierto y el oasis”, donde se agolpan los trenes pendientes de la vida, el llanto de la ausencia del primer amor, los recuerdos de tiempos antiguos, los trenes que regresan. Un camino para avanzar por las sombras y las aversiones que convulsionan el sosiego que buscamos sin descanso, donde las imágenes de la desolación, la nostalgia y la intemperie se dirigen a la búsqueda donde hallar tanta paz, tanto amor, tanta necesidad de vivir.

Dejemos que el caminante resista ante todos los avatares que entorpecen sus pasos, que lo derivan hacia la dispersión errática, dejemos que no pierda la ilusión, y así Goya nos lo quiere desvelar: “Pero la caminante se apoya en la esperanza / frente a la aspereza de los desiertos / de encontrar comprensión en el pozo pródigo / de los errantes / que, amplios y perspicaces, / saben distinguir la verdad bajo la arena, la sal, / las piedras o las nieves.”

En el ‘Amor de trenza, fuerza del carbunclo’ irrumpe la casa, metáfora de la calidez que pretende arropar al caminante que, sin descanso, busca el remanso de una paz que los caminos no le han brindado. La casa, el pozo pródigo para el errante. La casa en toda su significación más temporal y material: las sillas, las lámparas, las vitrinas, los platos, las copas, las despensas…, pero también en toda la simbología de hogar donde cobijarnos, donde abstraernos de los peligros que nos acechan, donde ahondar en la reflexión y los recuerdos, donde la poeta recoge con su sutil vasija “los aromas sonoros, los aromas infames, / el rostro de luz y su reverso / a los que dará nombres y entregará.”

La casa donde recordar personas y espacios, sensaciones que confortan, recuerdos de la infancia, emociones que perduran en el tiempo como asidero de la vida, como si en ella el tiempo ya no existiera: “Hoy, que no ayer, la casa nos abre sus entrañas. / Alumbra tras los muebles la dulce mansedumbre.”

Pozo pródigo, el poemario de Goya Gutiérrez, que cautiva en su caminar lento y sonoro, de versos que encierran mundos por descubrir; los nuestros, los primeros. Pasos que nos llevarán hasta los rincones que se esconden en nuestro pensamiento, los de antes y los de ahora, los que son el tesoro de la memoria.

 


jueves, 29 de diciembre de 2022

ASKATU. PORTAL NÚMERO SEIS de Antonio Lara Ramos (reseña de Dori Delgado en 'Los Diablos Azules', Infolibre)

 


Otra puerta sobre Euskadi

  • En esta novela, Antonio Lara Ramos aborda los últimos años de la banda terrorista ETA desde una perspectiva serena, pacífica y original

·  Singular importancia tiene la recreación del asesinato del concejal Isaías Carrasco, que pone al lector frente a la crudeza y el dramatismo que han amenazado a la sociedad española durante cuarenta años

Dori Delgado García

22 de junio de 2022 20:00h

Askatu. Portal número seis

Antonio Lara Ramos

Esdrújula (2021)

Tras un tiempo de silencio literario, desde Cae la ira (2018), el polifacético historiador, ensayista y novelista Antonio Lara Ramos nos ofrece ahora su obra más extensa y lograda, Askatu. Portal número seis. Una novela en la que aborda los últimos años de la banda terrorista ETA desde una perspectiva serena, pacífica y original. La publicación además coincide con el décimo aniversario del anuncio del cese de la actividad de la banda terrorista. 

Con un inicio enigmático: "Dicen que una noticia puede ser un motivo de alegría o un pájaro de mal agüero", la novela abarca el período desde el que se produce el abandono de las armas hasta los intentos de cerrar las heridas con la aparición de los arrepentidos y el proceso de normalización de la convivencia. Es esa transición difícil entre la violencia y la paz. 

El protagonista, Carlos Oreno, un joven ingeniero andaluz, evoca desde su siguiente destino profesional en Oslo las inquietantes vivencias personales y profesionales en la ciudad de Mondragón, donde tuvo que manejarse en medio de un clima hostil, conviviendo con tensiones, prejuicios, sospechas y miedos. Con el cierre de una etapa en la vida de Carlos, se cerraba también otra en la historia de España.

Alrededor del protagonista pululan una gran variedad de personajes bien definidos, redondos, poliédricos, que encarnan tantos matices, aristas y posturas como puedan darse en la historia de cualquier persona y, en concreto, en la población del País Vasco durante aquellos años. La historia se va construyendo junto a ellos (señora Mayca, el viejo Arriola, Amagoia, Amaya, Aitor…) que van aportando los elementos narrativos para hacer de Askatu un relato donde se propone las distintas visiones que el fenómeno terrorista suscitó en la sociedad vasca y española. Singular importancia tiene la recreación del asesinato del concejal Isaías Carrasco, que pone al lector frente a la crudeza y el dramatismo que han amenazado a la sociedad española durante cuarenta años. 

Además del atentado, en la novela se hace un seguimiento del destino del asesino. Su absolución y su posterior condena es vivida por los personajes de la novela con angustia, con alegría o con tristeza, como se vivieron los atentados, secuestros, extorsiones, manifestaciones y condenas durante aquellos años. Lara proyecta una mirada observadora, no exenta de empatía, en su afán por mostrar y acaso respetar todas las posturas involucradas en los hechos.

Junto al tema central del asesinato de Isaías Carrasco, hay una gran riqueza temática. El protagonista se enfrenta a retos profesionales, a la construcción de la amistad y a los vaivenes de las relaciones amorosas. También están presentes problemas familiares y sociales de gran crudeza como el alcoholismo, la droga, la corrupción, las enfermedades mentales o la emigración forzosa de los jóvenes españoles para conseguir empleo. Los aparentes sucesos triviales y cotidianos se mezclan con temas tan profundos como las relaciones sociales y la incomunicación. La justicia y la injusticia, la vida y la muerte con toda su crudeza se hacen hueco entre las páginas de este libro.

Antonio Lara maneja a la perfección el ritmo de la narración, conduciéndonos con mirada detectivesca hacia un análisis reiterativo y casi obsesivo del atentado perpetrado. Esta investigación es llevada a cabo por Pablo, el padre del protagonista que, a pesar de proceder del sur, alentado por su experiencia personal se erige en el personaje más interesado por la realidad vasca y por este desgraciado hecho histórico.

El autor se recrea en descripciones minuciosas a cámara lenta, volviendo una y otra vez sobre un mismo acontecimiento para desgranar detalles e incluir nuevos puntos de vista sobre el suceso: lo que hizo cada personaje, lo que fue, lo que pudo haber sido. Todas las incógnitas a las que nos enfrentamos cuando ocurre algo tan dramático y sobrecogedor se agolpan en nuestra cabeza, cada vez con mayor tensión.

Nos encontramos ante una novela caracterizada por el mestizaje, tanto en temáticas y técnicas narrativas como en subgéneros: novela histórica, de viajes, de aprendizaje (bildungsroman), lírica, romántica, policíaca o gótica, por momentos. 

Todo ello está magistralmente ensamblado con fluidez, con gran habilidad en el cambio de temas y de técnicas narrativas. El monólogo interior se alterna con el diálogo y la descripción. Hay múltiples saltos en el tiempo, cambio de espacios, de situaciones, de personajes y de puntos de vista. Estamos ante una novela en la que, como en la vida misma, conviven distintas tramas que ocurren en varios sitios de forma simultánea, planteando un final abierto y, a la vez, cerrado. 

Antonio Lara domina el arte de crear suspense y sorprender. Unas veces con lentitud detallada y otras, con agilidad narrativa cuando es necesaria para mantener la tensión durante tantas páginas. Esta agilidad se muestra incluso en el manejo de los signos de puntuación, en una sintaxis construida con oraciones rápidas y cortantes. 

La novela no solo cuenta con una gran riqueza de vocabulario en español sino que además incluye la variedad diatópica del español hablado en el País Vasco, por ejemplo, el uso del condicional. También incluye palabras en euskera, lo que revela el carácter de investigador, las dotes de observación y el profundo conocimiento de la cultura vasca que posee el autor.

El carácter híbrido, el análisis riguroso, la reflexión y el buen manejo narrativo, que evita que el lector caiga en la monotonía, son algunas de las señas de identidad de una novela que hace una foto fija de la vida española durante varias décadas. Una novela que nos permite reencontrarnos con uno de los capítulos más dolorosos y apasionantes de la reciente historia de España. 

________________

* Dori Delgado García es escritora y profesora de Lengua y Literatura. Autora de 'El jardín herido' (Entorno Gráfico, 2021). 

sábado, 10 de diciembre de 2022

PLAZA DE ABASTOS de Teresa Gómez

 

La poesía de Teresa Gómez llega hasta esos lugares más recónditos que a uno le cuesta descifrar y, a mí, me traslada a vivencias cotidianas, donde la melancolía es el nicho en el que se albergan tantas y tantas, y muchas sensaciones.

Plaza de abastos (Fundación José Manuel Lara, col. Vandalia, 2022), con prólogos de Ángeles Mora y Juan Carlos Rodríguez, es esa melancolía donde me he refugiado en estas tardes de un otoño díscolo, que ni parecía otoño, ni nada similar, capaz de traerme el sosiego y el intimismo que siempre he buscado en esta estación.

Plaza de abastos es un libro escrito antes (entre 1980 y 1985) para expresar lo de antes, y vuelve a ser de ahora, de lo que anhelamos y sentimos ahora, como si el tiempo fuera solo un instante que no cambia nuestras vidas.

Ángeles Mora nos recuerda en su prólogo que “es un libro de iniciación, podríamos decir, aunque poderoso, llamativo, original”, un libro que en aquel mundillo literario de la Granada de los ochenta, cuando la Otra sentimentalidad se abría paso, había levantado “bastantes expectativas”.

En Plaza de abastos, Teresa Gómez articula un discurso como si pretendiera hacernos creer que el tiempo no existe. Se compone de varias partes. En “Variaciones sobre un tema inesperado” los sentimientos del amor emergen como carta de presentación, como si quisieran subyugarnos: “Apostada en tu cuerpo como en ninguna plaza / donde la espuma llega sin más olas”.

En la segunda entrega, “Oferta”, el cuerpo late acompasado con la pasión y, aunque “no es posible dormir con tanto frío / y la luna entres nublos”, a pesar de todo, “pero aprendimos juntos / en las noches de insomnio”.

La tercera parte, “Ocasiones”, nos inunda de poemas que se hacen vitales, donde la vida fluye alrededor de Teresa, los momentos que despiertan su curiosidad, descubrir la ciudad después de la lluvia, los sentimientos que la rodean: “Buscadme por su rostro malherida de calles, / aventurada y sola”.   

Finalmente, “Demanda”, transita sobre estampas de la vida cotidiana que nos catapultan a recorrer las calles, a descubrir el amor en cada excusa, y se agolpan las vivencias y los recuerdos de noches que se alargan hasta la madrugada. En estos poemas finales de Plaza de abastos la autora no descuida su escritura intimista para hacer que su cúmulo de experiencias –la noche inagotable, el cuerpo del amado, las caricias que dejan huella, la mirada del farsante que la enreda– sea compartido con el lector.

Sí, Plaza de abastos es un libro escrito antes para expresar lo de antes, y vuelve a ser de ahora, de lo que anhelamos y sentimos ahora. El tiempo es un instante, no cambia nuestras vidas, “ya sólo queda el tiempo”.

El recordado Juan Carlos Rodríguez escribía en 1986, en la presentación de Teresa y de este libro, que le “hubiera gustado ser Espronceda para escribir un Canto a Teresa. O quizás me gusta seguir siendo un lector para saborear mil veces esa línea increíble de amor que Teresa nos ha dejado escrita: “Te pareces a mí cuando amanezco”’. Eso mismo quiero decir yo.


martes, 26 de julio de 2022

LUGARES QUE AMAR de Goya Gutiérrez

 


Me encuentro este verano entre lecturas, después de un final de curso tan caótico, y hay una muy especial: Lugares que amar ( in-Verso, 2022) de Goya Gutiérrez. Este libro me hace encontrarme de nuevo con la poesía, que de cuando en cuando se cruza por la abundante prosa de las novelas y ensayos, con esa vocación monopolizadora que tienen estos de la lectura.

De Goya Gutiérrez he leído Ánforas, Grietas de luz, Y a pesar de la niebla, y nunca deja de sorprenderme la madurez que se aprecia en su poesía, que es una invitación constante por el discurrir de la vida, del arte, de la estética de la creación humana, de las vidas que sufren y naufragan en la perfidia de la naturaleza humana más innoble.

El poemario se divide en dos partes:La hermosa veta” y  Lugares que amar”, que da nombre al libro. En cada una de ellas, Goya Gutiérrez nos propone algo distinto. Como reza la reseña del libro, Lugares que amar es un homenaje al séptimo arte, al arte de un cuadro, de una obra de teatro, de una escultura, de una fotografía o de la misma poesía, a través de la palabra que traduce e interpreta la visión de las imágenes. Y a esa Yerma de Federico García Lorca:

“Esa mujer que sueña con caños de agua fresca

que salen de las fuentes,

con cántaros de leche obtenidos

de rosados pezones,

con lechales naciendo de la res o la oveja,

la que como tantas no ha sido destinada ni a amor

ni a pasión de hombre elegido,

 sí, a emparedar como cuerpos sus secretos,

aparte del encaje de bolillos,

 las telas o la lana,

solo le queda la misión de ser madre,

            parir hijos.”

 Pero también Lugares que amar es una indagación a la naturaleza y a la ejemplaridad y vulnerabilidad de algunas de sus criaturas. Evocación pictórica, palabras como pinceladas, de los espacios y sus gentes amadas, de los lugares, a veces heridos, en que se posa la belleza. Y ese homenaje a las víctimas de la pandemia, y a los que los sepultó un volcán, y a mujeres que son utilizadas como arma de guerra, en esos actos viles y canallas que son sus violaciones:

“Madre, mare, majka, mother¡¡¡

Lo que antes fue incesante cobijo, regazo

de sombra

bajo el ardiente, abrazo nupcial de arces y fresnos

se transformó en maleza espinosa,

 oscuros rastrojos humillantes,

abandono del dios que permitió

al leviatán del hombre verter beleño negro

sobre el trigal fructífero de tu cuerpo

como botín de guerra.”

No pasa desapercibido este llanto y el quejido de Goya Gutiérrez cuando envuelve de palabras nobles y sinceras el drama que nos rodea.

El verano me ha traído este halo de aire fresco para aliviar las angosturas de un calor que nos sacude con sus inhabituales temperaturas. La profundidad poética de Goya Gutiérrez nos estremecerá también, pero para saber que con su alentadora lectura la vida está ahí, entre las líneas de sus poemas, al otro lado de nuestros pensamientos, para que no la olvidemos, porque acaso nos necesita.