martes, 9 de abril de 2013

En la Biblioteca Municipal del Albaicín con 'La renta del dolor'


El pasado lunes, 8 de abril, celebré un encuentro con los lectores de La renta del dolor en la biblioteca municipal del Albaicín, junto al lado del mirador de san Nicolás, con La Alhambra al frente.

El encuentro ha sido recogido, cercano, de una proximidad fastuosa. Y de nuevo se han escuchado palabras de admiración hacia Matilde Santos, a la mujer que rompió tópicos, a la que asumió con entereza la dificultad de los tiempos que le tocó vivir. Y se han evocado recuerdos de aquella Granada de los años sesenta y setenta, con una dictadura que parecía no tener fin, y de la actividad de su Universidad, y de los lances de una vida en sociedad que abundaba en la monotonía.

Enorme satisfacción de ver cómo tantas personas disfrutan con la lectura de la novela, donde tanto protagonismo tiene la ciudad de Granada.

miércoles, 3 de abril de 2013

Encuentro con los lectores en la biblioteca del Zaidin

El pasado 4 de marzo celebré un nuevo encuentro con un grupo de lectores de La renta del dolor, esta vez en la Biblioteca Municipal ‘Francisco Ayala’ del Zaidín (Granada). 

El encuentro fue muy gratificante. Un extraordinario ambiente literario se adueñó al rato de comenzar del ambiente, y pronto empezó el torrente de intervenciones sobre las impresiones que les había causado la novela. El personaje de Matilde Santos y las circunstancias de la Granada de aquellos años sesenta acapararon buena parte de las intervenciones. 

jueves, 17 de enero de 2013

Hablando de ‘La renta del dolor’

Celebramos el martes pasado el encuentro con el grupo de lectores de La renta del dolor, dentro de la tertulia literaria que se organiza en la Biblioteca Municipal de La Chana (Granada). El interés mostrado por los asistentes propició un ambiente literario participativo de los que realmente magnifican la creación literaria. Algunas intervenciones alcanzaron un extraordinario nivel en las apreciaciones sobre los personajes y los valores literarios contenidos en la novela. Vivimos y sentimos con Matilde Santos, con Eduardo el maestrito, con Toño el herrero, con sus vidas que se separaron y volvieron a encontrarse; y también con la ciudad de Granada, la otra protagonista de la historia. Fue ese momento en donde la novela estuvo tan compartida que dejó de ser la obra de un autor para hacerse una obra de todos. 

Me llamó la atención la alusión que hizo una lectora a un párrafo de la novela (pág. 148), destacando sobremanera el contenido que en él se encierra. Seguidamente lo transcribo: 

      —¡Qué agradable sorpresa! Es curioso saber cuántas cosas suceden alrededor de una sin que se tenga conciencia exacta de lo que pasa. Lo cierto es que si tuviésemos que compendiar al final de nuestra existencia todos los hechos que hemos vivido de manera consciente, ello representaría sólo un cuarenta por ciento de nuestra vida. Sin embargo, hay otros momentos donde hemos estado presentes de modo inconsciente, como las opiniones de los demás, las consecuencias que nuestras acciones han tenido en otras personas..., que suelen quedar veladas para siempre, y que nunca llegamos a descubrirlas, pero que representan un tanto por ciento grande del cómputo total de nuestra presencia en este mundo…

viernes, 11 de enero de 2013

En la Biblioteca de La Chana



La Biblioteca Municipal del barrio La Chana en Granada, entre sus actividades, organiza una serie de tertulias literarias mensuales sobre distintos libros leídos previamente por los lectores.

Este mes de enero el libro elegido es La renta del dolor. El próximo martes, día 15, hay previsto un encuentro con el autor para comentar impresiones y entablar un diálogo en torno a la novela, sus personajes y la imagen que refleja de la ciudad de Granada. Allí estaremos con sumo gusto.

El grupo de personas aficionadas a la lectura que se congregan en torno a esta biblioteca se prodigan también en escribir breves relatos que publican en un interesante blog que se denomina ‘Nuestros Relatos’. Un blog que si se visita nos permite leer algunos de esos relatos y conocer otras actividades del grupo.

En el siguiente enlace de 'Nuestros Relatos' se recoge la referencia al libro del mes de enero de la tertulia literaria:


viernes, 30 de diciembre de 2011

Una parada en la plaza de los Aljibes

Matilde, ensimismada, contempla Granada desde la plaza de los Aljibes:

"La mañana avanza y sin casi darse cuenta está en la Puerta del Vino. El número de personas que por este sitio se va acumulando es mayor a medida que pasan los minutos. Turistas de todas las nacionalidades pululan frente al palacio de Carlos V a la espera de acceder al recinto palaciego. Matilde ya no se encuentra tan cómoda como en las primeras horas del día. Deambula por la plaza de los Aljibes hasta aproximarse a los miradores que invitan a contemplar el río Darro, el Albaicín (otro barrio al que tendrá que dedicar un paseo) y el Sacromonte. ¡Qué inteligentes fueron estos árabes para buscar el emplazamiento de su mejor obra! Allí permanece largo rato frente a una de las estampas de Granada que ha llevado impresa en la mente durante el exilio. Ensimismada con el espectáculo no advierte la llegada de un grupo de jóvenes: son seis chicos, y uno de ellos porta una guitarra. Sin protocolo alguno, ni siquiera para fijarse en lo que ella absorbe a través de sus ojos, despliegan un animado coro en derredor del que atusa con cierta habilidad las cuerdas de la guitarra, canturrean varias canciones, que ella reconoce de los Beatles, Joan Baez o Serrat, y otras de aire tunero y de entronque local. Uno de ellos no canta, se entretiene pergeñando siluetas y dibujos a lápiz sobre un bloc de láminas blancas. Matilde escucha con deleite y atención aquel sonido agradable y armonioso, entre tanto una ligera brisa acaricia su delicada piel y sus ojos no se apartan de la panorámica que la ha traído a dicho lugar. Pasadas unas cuantas melodías se dirige al grupo:
—¿Sois capaces de cantar «Granada» de Agustín Lara?"

*La renta del dolor, pp. 91-92

lunes, 12 de diciembre de 2011

A la Alhambra por la Puerta de las Granadas

Matilde está ya en Granada, después de treinta años de exilio uno de los primeros deseos es volver a tomar contacto con la Alhambra:

"Como si de Nôtre Dame se tratara, la Alhambra sería ahora ese refugio reconfortante y aprovisionador de nueva energía. Era tal el cúmulo de vivencias que se proyectaban desde la colina roja que sentía una necesidad imperiosa de aproximarse a ella, le hervía un deseo irrefrenable de recrear sus pasos por el bosque y el conjunto monumental. Menos de una semana desde que se instalara en la Marina fue el tiempo que se concedió para subir al monte de la Sabika, cuando la feria del Corpus amainaba y la ciudad volvía a la calma habitual. Aún su nuevo hogar no estaba organizado, pero ella tenía prisa, adolecía de urgencia por sumergirse en uno de los recuerdos más entrañables de la ciudad de todos los que la acompañaron en el exilio. Embozada en la emoción y la nostalgia agarró el primer taxi que pasó por la puerta de la pensión una mañana, cuando no eran ni las nueve y las calles habían sido refrescadas por un riego matutino que los empleados del Ayuntamiento propiciaban con largas y potentes mangueras abrochadas a las bocas de riego, y le pidió a su conductor que la llevara a la puerta del Palace. La
subida por la cuesta Gomérez fue el preludio de lo que le aguardaba más arriba. A su paso por la Puerta de las Granadas ya sintió que atravesaba no sólo el recinto de aquella ciudadela sino la frontera a un mundo mágico en el que la imaginación podía retozar a sus anchas. «¡Qué sensación de solidez, de fuerza, de seguridad proyecta esta obra!», murmuraba en su interior cuando la tuvo enfrente, la que el emperador Carlos quiso imprimir para conocimiento de propios y extraños, como alegato y continuación del concepto defensivo con que habían sellado este recinto sus antiguos moradores. Sentirse seguros era una condición vital para disfrutar de todo lo que ofrecía el interior. La cultura que había levantado todo el conjunto asentado en la colina roja estaba cargada de sensualidad, la estimulación de los sentidos formaba un credo esencial en la forma de vida de sus habitantes. Antes que ella, la primitiva puerta de Bib-Handac, después, en su lugar, ésta que se veía coronada por un frontón triangular, donde anida el escudo imperial acompañado por dos figuras alegóricas a la Paz y la Abundancia, y a modo de acroteras, elevadas en todo lo alto, tres granadas entreabiertas que dan el nombre a la puerta. La visión fugaz no fue óbice para observar el ennegrecimiento que había alcanzado la voluminosa y abujardada piedra. Rebasado su ancho cuerpo, la subida del taxi se hizo cada vez más lenta, mientras expulsaba por el tubo de escape una nube negra de humo, que explicaba el barniz ennegrecido que había ido revistiendo silenciosamente la piedra de la puerta. La empinada cuesta doblegaba las ansias de velocidad del más atrevido bólido, a pesar de los fuertes rugidos metálicos con los que bramaba éste en su recorrido. El inmenso, exuberante y verde bosque de la Alhambra apareció tras la Puerta de las Granadas, rica variedad natural con grandes árboles, plantas diversas tupiendo las zonas ajardinadas, y como delimitación, cordones de boj separando la tierra sembrada de los canalillos de agua y las aceras empedradas. Frescor de la mañana que penetraba por la ventanilla del taxi, olor a tierra mojada, a vegetación, a vida intensa en aquel mundo vegetal, que inundaba sus pulmones y su espíritu."
*La renta del dolor, pp. 89-90

domingo, 4 de diciembre de 2011

Madrid, otra vez ante ella

Demasiados años de exilio, Madrid de nuevo ante los ojos de Matilde Santos:

"Los primeros edificios y las primeras calles de Madrid ya estaban delante de ellos, nada reconocía, súbitamente le asaltó la idea de encontrarse en una ciudad extraña. El tráfico estaba más lento de lo acostumbrado, era la hora del cierre de los comercios y oficinas, y a ello se unía la intermitente lluvia que caía sobre la ciudad. La tarde languidecía bajo el cielo encapotado, el coche avanzaba con lentitud hacia el interior del paisaje urbano, y seguía viéndolo todo tan distinto que pensaba en lo poco que aquello tenía que ver con la ciudad que había abandonado al salir durante la guerra hacia Valencia, tras los pasos del gobierno republicano, bastante tiempo después que éste lo hiciera, cuando el escenario pintaba muy mal para las posiciones republicanas. Teníamos las tropas sublevadas tan cerca que casi olíamos los efluvios de sus guisos y el tufo denso de los embutidos que atesoraban en la talega, habían arremetido con tanta fuerza que el panorama de las calles y plazas era desolador: destrucción por todas partes y caras famélicas preguntándose cuándo se terminaría aquella pesadilla… Una imagen que contrastaba con la ciudad moderna que se abría paulatinamente a sus ávidos ojos observadores y en la que le era difícil reconocer los primeros barrios por los que transitaban. «Madrid ha crecido mucho —le respondía el joven inspector a las continuas preguntas de su viajera, ansiosa en descubrir por dónde iban—, estamos en la M-30, más adelante verá usted calles y edificios que seguro reconocerá.» Sólo la presencia del Madrid más antiguo le aproximó a imágenes familiares, donde ya resultaba fácil identificar calles y edificios, la Puerta de Alcalá y el parque del Retiro le brindaron la ansiada familiaridad. No tuvo que solicitar la ayuda de su acompañante. El coche envolvió la fuente de la Cibeles y enfiló la calle de Alcalá, los recuerdos se agolparon de repente, las escenas de bombardeos, de casas destruidas, de barricadas por doquier asaltaron su mente por unos instantes, hasta que el coche se adentró en la Puerta del Sol y fue a detenerse ante la Dirección General de Seguridad."